sábado, 7 de mayo de 2011

Para ser indestructible no hace falta tener una capa roja, ni unos calzoncillos por encima de los pantalones, tampoco hay que tener poderes arácnidos, ni controlar tormentas, y mucho menos hay que ser verde y grande. No hay que tener una doble vida, ni estar hecho de cosas bonitas y sustancia X, ni nada de lo que Walt Disney, Marvel y demás nos han hecho creer. Que a veces el bajito con gafas y el delgaducho ganan a los malos y se quedan con la chica. Que en realidad para ser indestructible lo que de verdad te hace falta son unas personas maravillosas, buenas y que te quieran, que te quieran mucho. Unas personas que cuando caigas te animen a levantarte, y no dejen de hacerlo hasta que no estés de pie a su lado, y que si en la caída te haces daño te curen las heridas a base de risas y besos. Unas personas llamadas amigos, esas que Marvel y compañía se empeñan en llamar aliados. Hace falta un buen puñado de ese tipo de personas, pero que quede claro que en esta vida la cantidad no influye en la calidad. Incluso, hace falta varios de esos que los superhéroes llaman enemigos. Que la vida no siempre es buena y justa. Que a veces hace daño, mucho daño, y más a los héroes, que siempre los atacan por la espalda, y siendo sinceros, eso no solo les pasa a ellos, que a más de uno nos han clavado un cuchillo por la espalda o nos hemos topado con un Judas Iscariote en potencia. Las personas de esa calaña te enseñan a ser fuerte y a no dejarte vencer. E incluso a ellos hay que agradecerles su existencia y su forma de ser tan rastrera y sucia. A veces, te harán un daño que te parecerá incurable, que te hará replantearte tu significante existencia, y esta, y esta señores, será una de las enseñanzas más importantes de la vida, en la que te darás cuenta de la gran importancia de los aliados, que cuanto más duele la herida mas aliados te darás cuenta que tienes, y si, es totalmente proporcional a las lagrimas y al dolor. Aunque a veces en estas situaciones es cuando más aliados se hacen del lado oscuro, pero si son tan maleables, engañosos y dados a las traiciones, no se merecen que sintamos dolor por su traición.

Señores, que en esta vida hasta el amor duele. Y pronto los ignorantes se darán cuenta. Que si alguno, ha sentido el amor y en ningún momento el dolor, ante él me quito el sombrero, es usted un privilegiado, pero no le envidio, que prefiero haber amado y haber perdido, a no haber amado nunca. Que en esta miserable existencia nuestra el dolor te enseña a combatir, a luchar y a sobrevivir. Y tengamos algo claro, la recompensa de ganar en esta vida no suele ser el beso y el amor de la chica guapa, ni la paz mundial. Pero no importa, que si el aleteo de una mariposa en la Gran Vía provoca un huracán en Japón, nuestras pequeñas victorias acabaran haciendo mucho ruido en el mundo entero.

Lucha, cae, claro, claro que debes caer, ¿De que manera si no aprenderías a levantarte? Pero lo que nunca debes hacer es plantearte siquiera no levantarte, eso nunca, bajo ningún concepto, porque si por un solo segundo te planteas no levantarte, y enterrar la cabeza como los avestruces en el árido suelo de la derrota, el malvado de turno habrá ganado la batalla, la chica no volverá a ser libre, no habrá paz en el mundo y el ruido que aremos será mucho menor. Y mientras la pequeña mariposa con sus débiles aleteos seguirá creando huracanes, nuestros gritos seguirán siendo murmullos.

Vivan, sientan, no permitan que dejemos de gritar para cambiar el mundo, y sean Indestructibles.






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