jueves, 29 de noviembre de 2012

Eres el me encantas mas sincero que he dicho.


¿Sabes algo? ¿Una cosa que parece pequeña? ¿Una que en realidad es enorme?
Te quiero.
Sin reflexionar. Sin sentido. A veces suave. Delicadamente. Despacio. Lento, como tus manos en mi espald. De forma cotidiana y perezosa, típica de domingos por la mañana. Pero otras fuerte.  Ardiente. Sexual. Con esa angustia que te quema por dentro. Que me obliga a buscarte en la noche. A quitarte la ropa. A besarte y a no dejarte hasta que la angustia pasa. Para. Se relaja. Pero poco dura la paz y la calma.  Ya que te miro, y al mirarte vuelve, con mas fuerza si cabe.
Te quiero. Con tantas ganas que ni gritando se me pasan. Ni mordiendote.  A lo mejor una vida junto a ti hace que las ganas se me calmen. Lo dudo. Una vida contigo no me parece lo suficientemente largo como para que mis ganas se pasen. Mis ganas de estar contigo. De quererte. De morderte. De hacerte reír  De tenerte.
Te quiero. Todo mi cuerpo lo hace. Te adora. Te reclama. Todas las noches. Todas las horas. A cada momento y a cada segundo. En cada pestañeo. Muero si te vas, pero mata el tenerte. No se que siento. No se como explicarlo. Ni si debo sentirlo. Pero lo hago. Te quiero.

¿Que es eso de que los tíos son complicados?
Lo complicado, es el amor.
El amor es difícil de entender, de asimilar. Va de la mano del valor,  y otras veces lo empuja la cobardía. Envuelto en mentiras o lleno de sinceridad. Es incontrastable, invisible a ojos inexpertos.

Pero además de complicado el amor es increíble. Esta hecho de coincidencias y de momentos. Nosotros somos su motor y sustento, o su sentencia de muerte. Todos hablan del amor. Muerto, vivo, naciendo o cayendo en la rutina. Que mas da como sea. La pregunta es ¿Porque?. ¿Y la respuesta? Fácil. Pues el amor también es nuestro motor, sustento o nuestra sentencia de muerte.


sábado, 24 de noviembre de 2012

La paz que lleva tu nombre.


En la cama bajo siete mantas, con mi edredon blanco, ese que me acompaña sea cual sea la temporada en la que nos encontremos, que me arropa en verano o en invierno. Ojos abiertos, postura extraña pero cómodo al fin y al cabo, auriculares en mis oidos y en el reproductor Melendi, Maroon5 o Carnavales. Pensamientos, que sin control, fluyen por mi mente, sin conexión sin orden, o con un orden que solamente yo entiendo.
Paz, mi paz. Esa paz que solamente experimentas cuando eres feliz. Esa que es mejor cuando sin importar el caos de tu alrededor, eres feliz. Esa era mi paz preferida, favorita, ansiada, la que buscaba cada noche hasta la madrugada o hasta quedarme dormida. Digo era porque he encontrado una que me gusta mas, que no me abandona, que incluso cuando parece que se aleja de mi sigo sintiendo sus rescoldos.

Esa eres tu, la que me da los momentos contigo. 

Cuando estoy tumbada sobre ti, con tus brazos rodeandome, tu perfume cosquilleandome la nariz y tu aliento acariciendome las mejillas y los labios. Cuando tus dedos me recolocan el pelo tras las orejas o despeinan mi flequillo, cuando acaricias mi oreja y jugueteas con mi piercing, y en segundos calmas el dolor que a veces siento en el. Por que mi oreja, como yo, a veces te extraña y me lo hace saber a través de ese dolor, soportable pero molesto de todos modos. Porque anhela tus dedos rozandola y ese escalofrio que recorre mi cuerpo entero cuando lo haces. Mi piel también pide a gritos tus caricias. Y mis ojos tus miradas. Esas que me matan, que me dejan sin palabras. Esa paz, que encuentro entre tus brazos, en el silencio solamente interrumpido por nuestras tonterias en susurros y las risas que las preceden o por nuestros te quieros. Esos que me dices a susurros o a gritos, al oído o mirandome a los ojos. 

Que la paz que antes solo me la daba el calor de mi cama y un par de canciones, ahora la obtengo de tu voz, no me hace falta mas para ser feliz.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Despedidas con sabor amargo.


Sigo mirando por la ventanilla, y aunque ya no puedo verte, tu rostro no abandona mi mente. Tu risa resuena en mis oídos, y se confunde con el traqueteo del tren. Y aunque se que a quienes debería escuchar es a mis compañeros de viaje, tus "te quieros" confundidos con tus típicas palabras obscenas no dejan de reproducirse en mis oídos  O puede que en mi cabeza. Estas en todas las partes de mi, de mi cuerpo. Ya no se distinguir los lugares en los que te encuentras cuando ya no estas.
Mis dedos recorren mis labios como buscando el ultimo rescoldo de tus besos. Se deslizan hasta mi cuello, donde son más que visibles las marcas de tu paso. Chupetones. Hechos con ganas. Con alevosía. Y en contra de mi voluntad. "Para que las zorras de tus compañeras de cuarto sepan  que no has estado visitando a tu tía enferma precisamente. Y para que los tíos que se atrevan a mirarte sepan que eres mía "  Y me río. Con ganas. Y eso hace que todo el vagón se gire a mirar a la rubia neurótica  Me dices eso como si pudiera olvidarte, como si no supiera que cada parte de mi te pertenece, como si me importaran las opiniones de esa gente. No me importa. Aunque no pienses lo mismo. Y todo porque mis uñas dejan su marca en tu espalda. No entiendes que no lo hago con premeditación y alevosía. Que es algo natural, instintivo, primario. Pero no  puedo negar que me gusta ver algo mio en ti. Y más sabiendo como han llegado allí.
No puedo evitar sonreír al pensar en las caras de tus compañeros cuando vean tu espalda en el vestuario.

Otro domingo más sentada en el mismo vagón a la misma hora, en este tren que me aleja de ti. Pero en cuatro días, que a veces se hacen larguísimos y otros no duran ni un suspiro, estaré en otro tren parecido a este, mirando por la ventanilla, esperando verte en el anden, con tu sonrisa y tus ganas de amarme otra vez.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Inaceptable.


Dicen que cuanto peor te sientas, mas debes cuidarte y arreglarte.
Así que aquí estoy, en mi cama, después de una ducha muy larga y con el agua muy caliente, tanto que mi piel es roja. Con la lencería con mas encaje que he podido encontrar, los tacones mas altos de todo el armario, los labios rojos, los ojos negros. El pelo me huele a mango y la piel a rosas y lavandas.
En mi lista de reproducción se intercalan Melendi y Maroon5. Y aunque por fuera no puedo estar mejor, por dentro todo esta en ruinas. Estoy harta,  del mundo, de mi vida. Cuando intentaba ser otra persona, ser mejor, parecía no ser suficiente. Decidí ser yo, y no solo no soy suficiente, si no que soy inaceptable. Inaceptable. Puede que después de tanto la palabra comience a gustarme. No me queda otra.
Voy a jugar a Los Sims. Puede que así deje de pensar en todo lo que me atormenta  Dicen que soy adicta a Los Sims. Ellos no lo entienden. Es tan fácil. Sencillo. Parece que allí es el único lugar en el que puedo hacer lo que quiera, el único en el que si me equivoco, si cometo un error, nada va a pasar. Todo se borra y fin. Nada más. Tan sencillo como no guardar. Tan fácil.
Cuanto peor te sientas, cuídate más y arréglate. Inténtalo  Funciona. No a largo plazo. Pero te hace sonreír unos instantes. Lo suficientes como para no abrir la ventana y lanzarte al vació. Los suficientes como para levantarte y decir "No podréis conmigo."

martes, 13 de noviembre de 2012

¿Como la trucha al trucho? Pues más.

Tengo tu olor en la piel, en las entrañas, en el alma. Los recuerdos de noches pasadas  me inundan. Tus sonrisas en la oscuridad, que no veo pero que siento dentro. Esa voz rota con la que me dices te quiero cuando estas en lo más dentro de mi y en el preciso instante en el que te siento en cada centímetro  Tu sonrisa, mi risa, cosas que no deberían tener lugar en lo que hacemos, pero lo tiene. Como lo tienen tus manos en mi espalda, en mis piernas, en mi piel, en mi. Siento tu respiración tan agitada como la mía, tan rápida y superficial, tan provocadora. Mira lo que provocas en mi, que casi no llega el aire a mis pulmones y no siquiera lo hecho en falta. Me sustento con tu aliento. Tu aliento, que se mete lentamente por mi nariz y me coloca. 
Me hace adicta a ti, como si tuviera opción a no serlo. Como si no lo fuera ya, y pudiera oponerme a ello.


sábado, 10 de noviembre de 2012

"Buenos días, Príncipe."

Hoy me he despertado y estabas a mi lado. Mirándome con esos ojos preciosos ojos tuyos y esa sonrisa traviesa que desgarra mi alma. Si pudiera pasar horas mirando como me sonríes  lo haría, sin dudarlo un instante.  A veces lo intento, pero al final uno de los dos debe marchar. Normalmente soy yo. Ojala no tuviera que ser así. Pero así es.
Pero esta mañana, como todas las demás, lo intento y observo cada detalle de tu rostro, como para asegurarme de no olvidarme de ninguno, aunque bien sé que nunca llegaría ha hacerlo.
Y mientras te miraba esta mañana has vuelto ha cerrar los ojos lentamente, el cansancio ha podido contigo. Te ha ganado la batalla. Una vez más has caído en los brazos de morfeo, pero sin abandonar los míos.
Y allí he estado, con tu carita a centímetros de la mía, enredando mis dedos en tu pelo rubio , hasta que has vuelto ha abrirlos. Todavía dormido has posado tu mano en mi mejilla y la has acariciado lentamente. Con mano suave e inexperta, aunque se que no es la primera, ni sera la ultima que lo hagas. O eso espero. Y ojala no me equivoque. No en esto.
Espero que sepas que estaré esperando aquí siempre. Por ti. Por la única persona por la que lo haría. La única que vale el esfuerzo y la agonía de la espera. Lo haré. Se que te marcharas, pero estaré esperando que regreses, y que me mires así, como ahora haces. Con amor. Inocente y puro. Descuidado. Perfecto e irrepetible. Pasaran los años y seguiré aquí para volver a escuchar con tu voz balbuceante de niño dormido un "Buenos días, mami."


domingo, 4 de noviembre de 2012

Princesas.

Se equivoca quien piensa que no somos princesas. También lo hace el que dice que somos princesas de cuento. Somos  princesas duras, de las que lloran, se secan las lagrimas unas a otras y continúan,  a empujones si es necesario, pero juntas. No nos hacen falta príncipes que nos defiendan. Estas princesas ya saben romper piernas bastante bien, y lo hacen solas. No vamos de rosa, ni con coronas. Las coronas van por dentro, igual que las cicatrices  Eso no nos hace mas débiles  ni menos princesas. Nos hace más duras y  especiales. Con una riqueza difícil de superar y no material. ¿Para que quieres el dinero y las joyas en una vida en la que lo hacen todo por ti? Distintas a todo lo conocido. Sin dueño ni reino. Sin zapatos de cristal.

-Princesas, de labios rojos y tacones de aguja.  Llenas de sinceridad y de poco protocolo.