sábado, 10 de noviembre de 2012

"Buenos días, Príncipe."

Hoy me he despertado y estabas a mi lado. Mirándome con esos ojos preciosos ojos tuyos y esa sonrisa traviesa que desgarra mi alma. Si pudiera pasar horas mirando como me sonríes  lo haría, sin dudarlo un instante.  A veces lo intento, pero al final uno de los dos debe marchar. Normalmente soy yo. Ojala no tuviera que ser así. Pero así es.
Pero esta mañana, como todas las demás, lo intento y observo cada detalle de tu rostro, como para asegurarme de no olvidarme de ninguno, aunque bien sé que nunca llegaría ha hacerlo.
Y mientras te miraba esta mañana has vuelto ha cerrar los ojos lentamente, el cansancio ha podido contigo. Te ha ganado la batalla. Una vez más has caído en los brazos de morfeo, pero sin abandonar los míos.
Y allí he estado, con tu carita a centímetros de la mía, enredando mis dedos en tu pelo rubio , hasta que has vuelto ha abrirlos. Todavía dormido has posado tu mano en mi mejilla y la has acariciado lentamente. Con mano suave e inexperta, aunque se que no es la primera, ni sera la ultima que lo hagas. O eso espero. Y ojala no me equivoque. No en esto.
Espero que sepas que estaré esperando aquí siempre. Por ti. Por la única persona por la que lo haría. La única que vale el esfuerzo y la agonía de la espera. Lo haré. Se que te marcharas, pero estaré esperando que regreses, y que me mires así, como ahora haces. Con amor. Inocente y puro. Descuidado. Perfecto e irrepetible. Pasaran los años y seguiré aquí para volver a escuchar con tu voz balbuceante de niño dormido un "Buenos días, mami."


No hay comentarios:

Publicar un comentario