miércoles, 21 de noviembre de 2012

Despedidas con sabor amargo.


Sigo mirando por la ventanilla, y aunque ya no puedo verte, tu rostro no abandona mi mente. Tu risa resuena en mis oídos, y se confunde con el traqueteo del tren. Y aunque se que a quienes debería escuchar es a mis compañeros de viaje, tus "te quieros" confundidos con tus típicas palabras obscenas no dejan de reproducirse en mis oídos  O puede que en mi cabeza. Estas en todas las partes de mi, de mi cuerpo. Ya no se distinguir los lugares en los que te encuentras cuando ya no estas.
Mis dedos recorren mis labios como buscando el ultimo rescoldo de tus besos. Se deslizan hasta mi cuello, donde son más que visibles las marcas de tu paso. Chupetones. Hechos con ganas. Con alevosía. Y en contra de mi voluntad. "Para que las zorras de tus compañeras de cuarto sepan  que no has estado visitando a tu tía enferma precisamente. Y para que los tíos que se atrevan a mirarte sepan que eres mía "  Y me río. Con ganas. Y eso hace que todo el vagón se gire a mirar a la rubia neurótica  Me dices eso como si pudiera olvidarte, como si no supiera que cada parte de mi te pertenece, como si me importaran las opiniones de esa gente. No me importa. Aunque no pienses lo mismo. Y todo porque mis uñas dejan su marca en tu espalda. No entiendes que no lo hago con premeditación y alevosía. Que es algo natural, instintivo, primario. Pero no  puedo negar que me gusta ver algo mio en ti. Y más sabiendo como han llegado allí.
No puedo evitar sonreír al pensar en las caras de tus compañeros cuando vean tu espalda en el vestuario.

Otro domingo más sentada en el mismo vagón a la misma hora, en este tren que me aleja de ti. Pero en cuatro días, que a veces se hacen larguísimos y otros no duran ni un suspiro, estaré en otro tren parecido a este, mirando por la ventanilla, esperando verte en el anden, con tu sonrisa y tus ganas de amarme otra vez.

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